El epígrafe "a los hebreos", antiguo, pero no original, ha hecho pensar, incluso en tiempos recientes, que el escrito estuviese destinado a judíos no convertidos. Esta tesis queda desmentida por el texto mismo, que supone destinatarios cristianos (3,1-2,4; 6,4-6,9; 10,23.26; 12,22-24).
Otros han propuesto la primitiva comunidad de Jerusalén. Pero esta comunidad pasaba grandes apuros económicos (Gál 2,10; Rom 15,26; 2 Cor 8,14), mientras los destinatarios de Heb podían ser generosos con los demás (6,10). Otros pasajes (2,3; 13,17) tampoco recomiendan la hipótesis jerosolimitana.
¿Serían entonces judeocristianos fuera de Palestina?, o ¿quizá, cristianos de origen pagano? Ambas hipótesis son posibles; por otra parte, en Heb ni siquiera aparecen los términos "judío" y "pagano", no hay controversia sobre la observancia de la Ley en contraposición a la fe, y las prescripciones alimenticias son algo extraño a la comunidad (13,9), aunque quizá ésta se viera invitada a seguirlas. El autor escribe, pues, a cristianos en cuanto tales, tal vez sujetos a ciertos influjos judíos.
La conversión de los destinatarios ya era antigua (5,12), han respondido generosamente en las dificultades pasadas (6,10; 10,33-34), pero en el momento actual se sienten cansados (6,11-12; 10,35.39), temen a las penalidades (12,3-4), desertan de la asamblea eucarística (10,25) y no es ilusorio el peligro de apostasía (6,4-6; 10,26-31).
Se ha supuesto que la patria de los destinatarios fuese Roma, pero no hay argumento convincente que lo pruebe. La mención de los italianos (13,24) puede referirse a los residentes fuera de su país.
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